Lucha por la libertad política en cárceles de Palestina y Colombia

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“La libertad y dignidad son derechos universales que deben ser vigentes a todos los pueblos del mundo. Los palestinos no somos una excepción”
Marwan Barghouti, preso palestino.

El 17 de abril es el Día Internacional de las Luchas Campesinas en memoria de los 19 integrantes del Movimiento Sin Tierra masacrados en 1996 en El dorado dos Carjas al Norte de Brasil. En Palestina ese día, además, conmemoramos la lucha de los prisioneros y prisioneras desde 1974.

Fue en esta fecha que hace pocos días 1500 presos políticos palestinos iniciaron una huelga de hambre llamada “Libertad y Dignidad”. Con ella quieren, como método pacífico y legal, presionar por el mejoramiento de sus condiciones de detención y protestar contra la “detención administrativa”. Esta última exigencia resulta fundamental ya que a través de esa práctica el Estado de Israel ha detenido a miles de palestinas y palestinos, incluyendo niños, y los mantienen privados de la libertad durante años sin que haya ninguna acusación ni presentación de cargos formales ante un tribunal.

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Pocos días después comenzó otra huelga de hambre de prisioneros pero a muchos kilómetros de distancia de Palestina. Esta vez por detenidos políticos en el Centro Penitenciario de la Picota en Bogotá, Colombia, quienes exigen también mínimos de dignidad en la detención y rechazan los altos niveles de hacinamiento, la reducción drástica en la ración de alimentos y la falta de atención médica.

Puede pensarse que se trata de hechos aislados, sin ningún tipo de relación. Sin embargo, podemos aprovechar la “casualidad” para evidenciar que en las historias de Palestina y Colombia existen varios elementos en común: la forma e instrumentos que se usan para ejercer la opresión, los mecanismos utilizados para el despojo y el aniquilamiento de pueblos enteros, así como en la permanente resistencia de sus pueblos ante esta situación.

Las cárceles son utilizadas de forma inhumana contra los movimientos sociales. En Palestina para garantizar la ocupación militar israelí y en Colombia para perpetuar el despojo y la desigualdad. Se han convertido para ambos Estados en una de las herramientas más usadas contra luchadoras y luchadores sociales. Por medio de ellas se busca silenciar y acabar los procesos de organización social de ambos países.

Cabe recordar cómo hace poco se arrestó a líderes y lideresas del Congreso de los Pueblos y en una de las audiencias la fiscalía argumentó que una de las personas debía ser juzgada por que organizaba marchas y hablaba de cambio social. Teniendo en cuenta que en Colombia tales acciones no son delito, la detención de esta persona no tiene fundamento.

Pero claro, este no es un fenómeno único de estos países. Las cárceles en el mundo no buscan la resocialización o reintegración de la personas detenidas -tal y como se pregona- sino que funcionan políticamente para anular al que no se alinea con lo establecido y se atreve a cuestionarlo. El encarcelamiento tiene la intención de eliminar parcial o totalmente la humanidad de la persona. Esto se logra mediante la imposición de condiciones de reclusión que deterioran físicamente y por ello no extraña el que no se ofrezca ningún tipo de mínimos de dignidad. La coincidencia de estas huelgas de hambre nos hace recordar que nuestras historias y realidades son compartidas: vivimos en sociedades que no respetan la libertad de protesta y crítica a lo establecido. Al final el Estado se impone ante el ser humano.

Las huelgas de hambre son ejercicios de resistencia y por ello es importante no sólo visibilizarlas sino también apoyarlas y acompañarlas de forma activa desde los distintos sectores sociales y populares. Los que se atreven a poner en riesgo su vida con estas protestas no lo hacen solo por su bienestar: están defendiendo el derecho que todas las personas debemos tener a la libertad de expresión, organización y protesta. La lucha de las prisioneras es entonces también la lucha por el ejercicio de nuestra libertad.

2 mayo 2017. BDS Colombia

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El primero de mayo en Bogotá no olvidamos la huelga de hambre.
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