Archive for 19 enero 2016

¿Por qué las universidades de Israel merecen un boicot desde EE.UU.?

Por Saree Makdisi, profesor de la Universidad de California en Los Angeles

En su asamblea anual de esta semana, la Asociación de Lenguas Modernas Estadounidense (MLA por sus siglas en ingles), que representa a 26.000 académicos de idiomas y literatura, se convertirá en la más reciente institución académica en considerar adoptar un boicot a las instituciones académicas israelíes. Esto sigue la adhesión hecha a dicho boicot por parte de la Asociación de Estudios Asiáticos-Estadounidenses, la Asociación de Estudios Estadounidenses, y, más recientemente, la Asociación Estadounidense de Antropología (AAA por sus siglas en inglés), que votó 1040 contra 136 aprobando una resolución en su asamblea anual de noviembre en Denverpara boicotear las instituciones académicas israelíes en su asamblea anual de noviembre en Denver; todos los miembros de la AAA pronto votarán la resolución, que se cree que será aprobada.

La justificación de un boicot académico – el cual se orienta a las instituciones – y no los académicos individuales – se deriva de la particular relación entre el sistema educativo de Israel y sus estructuras de racismo.

El Comité de las Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación Racial señala con alarma que Israel mantiene dos sistemas educativos separadas para sus ciudadanos y ciudadanas — uno para niños y niñas judías y otro para los niños y niñas de la minoría palestina — una estructura que refuerza la profunda segregación de la sociedad israelí en cada aspecto, desde los asuntos de ciudadanía y matrimonio hasta el derecho a la vivienda.

Según datos oficiales israelíes citados, por la organización de derechos humanos Adalah, a principios del siglo XXI Israel invertía tres veces más en términos per cápita en la educación de un ciudadano judío que en la de un ciudadano palestino.

Las consecuencias son evidentes: Las escuelas para la población palestina en Israel están hacinadas y sin los materiales necesarios, con deficiencias de bibliotecas, laboratorios, espacios para el arte y espacios de recreación en comparación con las escuelas para estudiantes judíos. Las y los niños palestinos muchas veces tienen que viajar distancias más largas que sus pares judíos para llegar a la escuela, gracias a una prohibición estatal sobre la construcción de escuelas en ciertas ciudades palestinas (por ejemplo, según Adalah, no hay ni una escuela secundaria en las comunidades palestinas del desierto de Negev en el sur de Israel).

Estas prácticas descaradas de discriminación también se extienden al sistema universitario. “Los obstáculos que enfrentan las y los estudiantes árabes palestinos desde el jardín hasta la universidad operan como una serie de coladores con agujeros cada vez más finos,” señala Human Rights Watch. “En cada etapa, el sistema educativo frena una mayor proporción de estudiantes árabes palestinos que de estudiantes judíos”.

Es decir, a las y los niños que se les niega el acceso a jardines adecuados logran menos en la escuela primaria; los estudiantes de las escuelas secundarias en mal estado y sin recursos se canalizan al trabajo como carpinteros o mecánicos en lugar de médicos, abogados o profesores. De hecho, el proceso de admisión a la universidad es el punto de convergencia de los dos sistemas educativos del país, separados y desiguales, con resultados desastrosos para las y los estudiantes palestinos, que no logran lo esperado en los exámenes psicométricos o de matriculación, exámenes que dan mayor peso al plan de estudios de las escuelas judías, según Human Rights Watch.

Alrededor de una cuarta parte de los estudiantes israelíes de primaria son palestinos y palestinas. Pero según un estudio reciente de la Asociación para el Avance de la Equidad Cívica, a medida que se asciende en el sistema, hay un número cada vez menor de estudiantes palestinos. En el año 2012, según datos publicados por el Consejo Israelí para la Educación Superior, las y los palestinos constituían sólo el 11% de los estudiantes de pregrado, el 7% de los estudiantes de maestría, y apenas el 3% de los estudiantes de doctorado. Apenas el 2,7% del profesorado en las universidades israelíes son palestinos y palestinas, y el porcentaje de palestinos y palestinas administradoras es aún menor.

Según el sociólogo Majid al-Haj, de la Universidad de Haifa, las universidades israelíes sistemáticamente fracasan en sus responsabilidades hacia sus estudiantes palestinos. Estos estudiantes acaban sintiéndose alienados en un ambiente académico que se resiste tercamente a la integración y parece diseñado para consolidar en vez de desafiar la discriminación.

Todo esto es asombroso, pero hay más: El prolongado asalto de Israel al derecho a la educación de las y los residentes palestinos de la Franja de Gaza y Cisjordania. Israel ha bombardeado escuelas y ha sitiado universidades; detiene y acosa a estudiantes y profesores en los retenes del ejército; ha restringido el flujo de materiales escolares a Gaza; ha impedido que los estudiantes palestinos estudien en el exterior.

Hay que concluir que el sistema educativo de Israel se orienta a consolidar la presunta identidad judía de la nación y despojar aún más a los palestinos. Esto es un proceso que el sociólogo israelí Baruch Kimmerling identificó en una ocasión como el “politicidio”. Uno de sus componentes podría llamarse sin duda el educidio, que los educadores internacionales deben rechazar a través de su adhesión al boicot académico a las instituciones que lo perpetúan.

Un boicot de este tipo no afectaría a académicos israelíes individuales, cuya libertad de participar en conferencias internacionales, publicar en revistas o colaborar con otros académicos no se vería afectada. Más bien, se llama a una ruptura en la cooperación y los vínculos institucionales. Por ejemplo, la Asociación de Lenguas Modernas no patrocinaría un evento conjunto con la Universidad de Tel Aviv.

Los boicots han sido de las formas de protesta no violenta más eficaces contra la injusticia institucional en la época moderna. Jugaron un papel clave en la transformación del sistema de segregación “Jim Crow” del sur de los Estados Unidos y en la caída del apartheid en Sudáfrica, dos sistemas que claramente se parecen a la situación en Israel. Es tan impensable hacer la vista gorda ante el racismo del sistema educativo israelí como habría sido haber hecho caso omiso a esas formas anteriores de injusticia.

8 de enero 2016, Los Angeles Times

Saree Makdisi es profesor de Inglés y de Literatura Comparada en la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) y miembro de la Associación de Lenguas Modernas (MLA).

Haga clic aquí para la versión original en inglés.

Anuncios

BDS en 2015: Siete formas en que nuestro movimiento marcó nuevos rumbos en contra del colonialismo y el apartheid israelíes

2015 será recordado como el año en que la resistencia popular palestina se extendió por toda la Palestina histórica, y decenas de miles de palestinos y palestinas salieron a las calles para resistir y enfrentar al régimen israelí de ocupación, colonialismo y apartheid.

Diez años después del lanzamiento del movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), 2015 fue también un año clave para el BDS, como lo muestra nuestro detallado resumen del año.

A todas las personas increíbles cuyo compromiso y esfuerzos incansables están haciendo esto posible: gracias. Nuestros logros colectivos nos inspiran, nos motivan y nos dan esperanza.

Sigamos construyendo nuestro movimiento de apoyo a la libertad, la justicia y la igualdad en Palestina.

Por favor, si puedes, dona al movimiento internacional para ayudarnos a que el movimiento crezca más aún en 2016.

1. Mostramos que nuestro movimiento puede tener un impacto económico real sobre Israel

Screen Shot 2015-12-29 at 14.15.50

Los autores de un informe de la ONU dijeron que el BDS fue un factor clave para la caída del 46 % de la inversión extranjera directa en Israel en 2014. El Banco Mundial también citó al BDS como un factor clave en la caída del 24 % de las importaciones israelíes en Palestina. El gobierno israelí y la Corporación Rand publicaron informes donde predicen que el BDS le costará a Israel miles de millones de dólares.

Moody’s, una agencia líder en calificaciones crediticias, dijo que “la economía israelí podría sufrir si el BDS sigue cobrando fuerza”.

Un importante empresario israelí se quejó de que la fuerza creciente del movimiento BDS ha hecho que muchas de las grandes compañías europeas ahora eviten invertir en Israel.

2. Ganamos la increíble campaña contra Veolia

Screen Shot 2015-12-29 at 14.17.35

Veolia, el gigante corporativo francés, liquidó todos sus negocios en Israel. Fue el resultado directo de nuestra campaña de 7 años contra su involucramiento en proyectos de infraestructura para las colonias israelíes ilegales, y que le costó más de 20.000 millones de dólares en licitaciones y contratos perdidos. ¡Nuestra organización de base persuadió a un gigante corporativo de que abandone Israel completamente!

Y no es sólo Veolia: el gigante de telecomunicaciones Orange respondió a la presión del BDS en Francia, Egipto y otras partes anunciando que para 2017 se retirará de Israel. G4S ha empezado a hablar de terminar su contrato con el servicio de prisiones de Israel.

3. Más de 1000 artistas se sumaron al boicot cultural

Screen Shot 2015-12-29 at 14.19.53Prominentes artistas como Lauryn Hill y Thurston Moore de Sonic Youth dijeron
que no van a actuar en Israel, y más de 1000 artistas de Irlanda, Reino Unido, Estados Unidos y Bélgica han dicho que apoyan el boicot cultural a Israel.

El latinoamérica el movimiento también cresce: en Brasil, el cantante Caetano Veloso anunció que cree que no volverá a actuar en Israel, y en Colombia, cuatro festivales de cine se sumaran al boicot cultural.

4. El boicot académico se vuelve más importante en todo el mundo

Las universidades israelíes juegan un papel clave en planear y ocultar los crímenes de Israel, pero ahora la comunidad académica en todo el mundo está tomando medidas efectivas. Importantes asociaciones académicas de Estados Unidos, incluyendo la conferencia de la American Anthropological Association y la US National Women’s Studies Association han votado en adhesión al BDS.

Más de 500 académicos/as del Reino Unido, 450 de Bélgica, 1600 académicos/as y personal académico de España y más de 200 de Sudáfrica han firmado declaraciones en apoyo al boicot académico.

La Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH) canceló su apoyo a la presentación de un coreógrafo israelí auspiciado por la embajada de Israel, e hizo una declaración llamando a “rechazar los vínculos con todas las iniciativas, apoyos y auspicios en los que estén implicados el Estado de Israel o sus cuerpos diplomáticos”.

5. Nuestro movimiento se está expandiendo hacia nuevas regiones y ganando nuevos apoyos

10984247_1119218571437463_4599830360058437605_n

En Malasia y Egipto se han formado nuevas coaliciones de BDS, y el movimiento está creciendo rápidamente en América Latina y el mundo árabe.

Importantes órganos sindicales como la rama de la AFL-CIO en Conneticut y la Confederación Nacional de Sindicatos de Quebec  se sumaron a las docenas de sindicatos nacionales que ya apoyan al BDS.

6. La lucha por la justicia para Palestina se ha convertido en un asunto clave para estudiantes y jóvenes en todo el mundo

Screen Shot 2015-12-29 at 14.28.52

Las universidades de Stanford, Princeton, California y otras seis de Estados Unidos aprobaron mociones de desinversión, y la Unión Nacional de Estudiantes del Reino Unido se sumó a los más de 30 gremios universitarios estudiantiles que ya apoyan al BDS.

La Semana contra el Apartheid Israelí tuvo lugar en más de 150 ciudades en el mundo. Hay grupos estudiantiles organizándose en toda Europa, Canadá, Sudáfrica y América Latina.

7. La reacción de Israel demuestra que nuestro ‘poder blando’ está teniendo un impacto real

Israel sabe que está perdiendo el debate, y está usando todo lo que tiene para sabotear nuestro movimiento, dedicando dinero, personal gubernamental y aparentemente también sus servicios de seguridad para debilitar al BDS. Israel está exportando su mentalidad de represión y reclutando a sus aliados en Occidente para llevar a cabo ataques macartistas contra la libertad de expresión en Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá y en todas partes.

Hay que estar inspirado para inspirar a otros. En el movimiento BDS estamos definitivamente motivados, inspiradas y llenos de esperanza. Ayúdennos no sólo a buscar la libertad, la justicia y la igualdad para el pueblo palestino, sino también a demostrar que, en la búsqueda de la justicia, los poderes hegemónicos también pueden ser llamados a rendir cuentas en todo el mundo.

Fuente: bdsmovement.net

El concierto de Matisyahu en Bogotá y el boicot cultural a Israel

El próximo 29 de enero, el cantante estadounidense Matisyahu (Matthew Paul Miller) llega para presentarse en Bogotá. Está ampliamente documentado que este cantante activamente defiende y apoya la ocupación y el apartheid israelí. En el 2007, cantó en un evento de apoyo a la organización Amigos de las Fuerzas de Defensa de Israel (el ejército de Israel). En el 2015, actuó en la conferencia de AIPAC, una organización destacada por su lobby pro-Israel en Estados Unidos. Asimismo, aunque el cantante afirma ser “no político”, públicamente defendió el asesinato, en el 2010, de nueve participantes en la flotilla humanitaria de apoyo a Gaza. Más concretamente, en el 2014, su canción Sunshine fue utilizada en un video oficial de la cancillería israelí que buscaba “resaltar la cara bonita de Israel”.

El colectivo BDS Colombia rechaza el apoyo de Matisyahu a las expresiones más violentas del apartheid israelí y apoya ampliamente el boicot cultural contra Israel. Sin embargo, no lanzaremos una campaña de boicot contra su concierto en Bogotá, por priorizar las campañas de boicot cultural que claramente responden a las orientaciones emitidas por la Campaña Palestina por el Boicot Académico y Cultural de Israel (PACBI, por sus siglas en inglés). Dicha iniciativa hace parte de la campaña más amplia de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra Israel, BDS, impulsada por 170 organizaciones de la sociedad civil desde el 2005, para acabar con la ocupación israelí, lograr el respeto de los derechos fundamentales de la población palestina ciudadana de Israel y ganar el derecho al retorno de la población palestina desplazada.

Si bien la PACBI no excluye la posibilidad de boicot contra individuos que tienen una complicidad grave en violaciones del derecho internacional, su llamado al boicot cultural no se enfoca en individuos sino en esos productos o eventos culturales patrocinados o respaldados por instituciones israelíes. En este sentido, no se trata tanto de si el artista tiene ideas liberales o si vive en un asentamiento ilegal en Palestina ocupada (como lo hace uno de los hombres que escribe las letras de Matisyahu), sino de si su evento artístico sirve para lavar la imagen de Israel en el exterior. Por ejemplo, resultaban sujetas al boicot cultural las presentaciones en Colombia, en noviembre pasado, del grupo de danza israelí Vertigo Dance Company o el Festival de cine israelí en Bogotá. Aunque seguramente algunos miembros de Vertigo no votaron por el ultraderechista Netanyahu, el apoyo que recibieron desde la embajada israelí hace parte de una estrategia de normalización del apartheid israelí.

Si Matisyahu viniera a Colombia con el patrocinio del Ministerio de Relaciones Exteriores israelí (poco probable, pero no imposible), indudablemente llamaríamos al boicot de esos conciertos. Mientras tanto, seguimos impulsando otras acciones de boicot cultural, que no hacen sino crecer en todo el mundo. Promovemos el boicot a actividades culturales en Colombia patrocinadas o respaldadas por el Estado israelí, al mismo tiempo que continuamos recogiendo firmas de artistas colombianos y colombianas para apoyar una carta pública de adhesión al boicot (si eres artista y quieres firmar, contáctanos a través de nuestro Facebook). Otras cartas de apoyo al boicot cultural y académico ya han recibido más de mil firmas de artistas internacionales que anuncian que no se presentarán en Israel hasta que ese país cumpla sus obligaciones, bajo el derecho internacional, con la población palestina.

Ya se ve que el boicot cultural cada vez más está aislando a Israel y socavando su estrategia de distraer de sus crímenes a través de las expresiones artísticas. Cuando este aislamiento y presión logren desmantelar por completo el apartheid israelí en todas sus manifestaciones, y los y las artistas palestinas puedan practicar sus actividades artísticas sin sufrir la represión israelí, no veremos ningún problema en asistir a las presentaciones de la Vertigo Dance Company o el Festival de cine israelí.

Hasta entonces, seguiremos promoviendo el boicot a cualquier actividad cultural apoyada por las instituciones israelíes, así como la no participación en actividades culturales y académicas en Israel. El boicot cultural fue clave para derrumbar el apartheid sudafricano. Estamos convencidos de que será igual de efectivo en la lucha contra el apartheid israelí.

BOICOT UNIVERSITARIO Y CULTURAL AL ESTADO DE ISRAEL[i]

Eric Hazan[ii]

El movimiento de boicot a los productos israelíes, también conocido como el movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) crece a diario en el mundo entero. Incluso en Francia la propaganda que trata de asimilar este movimiento a un acto de antisemitismo pierde su credibilidad y encuentra cada vez menos eco. Existe, sin embargo, un punto frágil sobre el cual personas bien intencionadas, partisanos sinceros de una paz justa en Palestina e Israel, tienen reservas: es el boicot universitario y cultural.

latuff

Corren el riesgo de debilitar, dicen, de aislar el campo de los defensores de la paz en Israel.

La base de este argumento es que existiría un Israel bueno y un Israel malo. Por un lado, los laicos, askenazíes (no lo dicen pero lo piensan muy fuerte), de izquierda, que animan la vida intelectual y artística de Tel Aviv. Del otro lado, los hombres de negro, los colonos, los extremistas fascistas, que desafortunadamente se encuentran en los puestos de mando bajo el reinado de Netanyahu.

Es una distinción engañosa. Sería olvidar que la “izquierda” israelí tiene toda la responsabilidad de la situación actual. Fue Itzhak Rabin, la figura emblemática de aquella “izquierda”, quien decidió en 1991 iniciar el bloqueo de los territorios palestinos con alambre de púas y quien hizo romper con piedras las manos de los jóvenes que protestaban. Sería olvidar que nunca la “izquierda”, nunca el “bando de la paz” alzó la voz cuando el ejército y la aviación israelí asesinaban civiles en Yenín, en Nablus o en Gaza. El Israel bueno y el malo, el bando de la paz y el de la guerra son iguales de solidarios que las dos caras de la misma moneda.

Sí, pero a pesar de todo, la literatura israelí y el cine israelí, denuncian los abusos de la ocupación, trabajan por la paz y la reconciliación. Boicotear sus escritores, sus artistas, es socavar los que luchan por la paz. 

Aquellos libros, aquellas películas son artículos de exportación. Para afrontar la reprobación mundial, se necesitan argumentos, hay que evidenciar que existen en Israel personas que piensan de manera diferente. ¿Pero dónde y cuándo un escritor israelí, un cineasta israelí se ha pronunciado claramente en contra de la ocupación, en contra de los crímenes de guerra? Ni Amos Oz, ni David Grossmann, ni tampoco Amos Gitai, que son los más famosos, los más talentosos, los más apreciados en Francia. Sus trabajos, que consisten en demostrar cuán libre es la expresión en Israel, valen más que cien escuadrones de tanques Merkava. Ellos son colaboradores de la ocupación.

Pero ustedes están confundiendo cultura y política. La cultura es universal y la universidad israelí está aquí para defenderla.

La universidad israelí y el ejército tienen relaciones muy fuertes, orgánicas y oficiales. El Technion, el gran instituto científico de Haifa, trabaja con la empresa privada de armamento Elbit, cuyo dirigente hace parte del consejo de administración de la universidad hebraica. En aquella se fabrican los drones y los buldóceres a control remoto que sirven para destruir las casas de los palestinos. En algunos recintos universitarios, como los de la universidad hebraica de Haifa o del colegio de Zfat, el ejército instaló bases militares y los estudiantes-soldados asisten a clases con uniformes. En el colegio de Zfat (Safed, en Galilea) se capacitan los futuros miembros de los servicios secretos, en la universidad Ben Gourion se capacitan pilotos militares, en la de Haifa se capacitan los oficiales del fusilero naval.

Además, la universidad israelí es un instrumento del apartheid, puesto que para poder inscribirse y graduarse, generalmente se exige al candidato que haya terminado su servicio militar –que los palestinos con ciudadanía israelí no lo hacen.[iii]

¿Ustedes quieren impedir a personas que luchan por los derechos de los palestinos en Israel de venir a expresarse en Francia?

No. No se trata de boicotear aquellas y aquellos que vienen a hablar o presentar su trabajo de manera individual. Sin embargo, cualquier persona designada y encargada por una institución israelí, universitaria o de otra índole, debe ser considerada como el agente de una operación de comunicación insidiosa y por lo tanto boicoteada. Las Semanas de cine israelí, la operación “Tel Aviv sobre el Sena” en Paris, no son operaciones neutras sino maniobras políticas. No seamos ingenuos, tenemos que ser capaces de detectar la propaganda allí dónde está.

El boicot universitario y cultural es más importante y más temido por el poder israelí que el boicot de los productos cultivados o manufacturados. Es equivalente a lo que fue el boicot deportivo de Sudáfrica en tiempos del apartheid: deteriorando la fachada, prepara el derrumbe de la estructura.

 

[i] Traducido del artículo en francés publicado en: https://lundi.am/Eric-Hazan-boycott-universitaire-culturel-israel. Las ideas expuestas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor.

[ii] Eric Hazan es un escritor y editor francés, fundador de la editorial La Fabrique.

[iii] No existe una barrera formal para el ingreso a la universidad.