Archive for 27 febrero 2015

Piero: ¿Otra vez a Israel?

Carta del Comité por el Boicot Cultural por Palestina en Argentina a Piero

Piero,

Hemos tomado conocimiento que una vez más te presentarás en Israel. Quizás en tus visitas anteriores se te haya ocultado, como suele hacer el Estado de Israel, la realidad del pueblo palestino allí. Seguramente ello fue así, ya que como reconocido artista sensible a las injusticias, no hubieras podido permanecer indiferente a la terrible situación en la que vive, resiste, sobrevive y muere el pueblo palestino bajo la ocupación israelí; encerrado tras un muro, un muro ilegal construido por Israel en territorio palestino a pesar del dictamen de la Corte Internacional de Justicia considerándolo ilegal.

De un lado el muro y del otro el bloqueo, que con la complicidad de Egipto mantiene sobre los palestinos de Gaza en una situación desesperante, en una gran cárcel a cielo abierto. Egipto es ahora no solamente cómplice de las masacres israelíes sino que también, a partir del golpe militar del general Sisi, tortura, encarcela y mata a sus ciudadanos para combatir “el terrorismo”. Piero, vos que fuiste un fervoroso crítico de la dictadura, que cantaste “ojala nuestras acciones cada día sean una coherencia y una plegaria”, te pedimos que seas coherente con los principios que esgrimís en tus canciones; que aunque se te vayan los años, que el entierro al que vayas no sea el de tus ideales de juventud.

Desde 2005, casi 200 organizaciones de la sociedad civil palestina lanzaron un llamado a la comunidad internacional para apoyar la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) a Israel, como forma de ejercer una presión no violenta y obligarle a respetar el Derecho Internacional y las muchas resoluciones de la ONU que Israel viola sistemáticamente. El Estado de Israel ha sido acusado por organizaciones como el Informe Goldstone (del Consejo de DDHH de la ONU), el Tribunal Russell sobre Palestina, Amnistía Internacional y Human Rights Watch de cometer crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Al igual que con el apartheid en Sudáfrica, esta iniciativa ha cosechado excelentes frutos, consiguiendo el apoyo de importantes personalidades del mundo de la cultura, música, arte, etc;  como Danny Glover, Meg Ryan, Vanessa Redgrave, Ken Loach, Roger Waters, The Pixies, Elvis Costello, Annie Lennox, Carlos Santana, Stephen Hawking, Judith Butler, Ilan Pappe, Alice Walker  y Desmond Tutu, entre muchas otras. Estos artistas, intelectuales y científicos entienden que ir a Israel es contribuir a normalizar y limpiar la imagen internacional del régimen de apartheid, que pretende mostrarse ante la comunidad internacional como “la única democracia de Medio Oriente”, cuando en realidad es el régimen de ocupación colonial y racista más prolongado de la historia moderna.

Así vemos que artistas de todo el mundo se niegan a actuar en Israel y a colaborar con instituciones israelíes y, “Si algún día somos menos, Somos muchos, somos todos, Somos dos y somos dios: esta guerra la perdemos sin vos”; por ello te pedimos que no actúes en Israel, ya que haciéndolo estarías apoyando, normalizando y positivizando, a través de la cultura, una imagen de Israel que oculta las verdaderas prácticas de este Estado que viola sistemáticamente la Carta de los Derechos Humanos, la IV Convención de Ginebra y numerosas resoluciones de la ONU.

Es importante resaltar que, para contrarrestar la Campaña del BDS, en 2006 el gobierno israelí lanzó una iniciativa multimillonaria llamada “Marca Israel” (Brand Israel), creada para limpiar su imagen internacional, usando cínicamente al mundo académico y artístico para encubrir sus crímenes de guerra. Las actuaciones en el exterior de compañías israelíes que ofician de ‘embajadoras culturales’, así como la invitación a artistas, académicas e intelectuales del extranjero a visitar Israel, buscan presentar a Israel como un país moderno, liberal, democrático y civilizado, respetuoso de las libertades y los derechos humanos. Pero sus crímenes son tan grandes y han sido denunciados por tantas organizaciones de derechos humanos que ya no se pueden ocultar detrás de esa fachada.

Y vos, Piero, ¿no crees que tu presentación en Israel haya sido usada, contra tu voluntad, para esa cínica maniobra? En tus visitas anteriores a Israel ¿has ido del otro lado del Muro a ver cómo viven las palestinas y palestinos? ¿Has escuchado sus historias de sufrimiento y resistencia bajo un régimen brutal de ocupación militar, colonización territorial y apartheid legal? ¿Has visitado los campos de refugiados, o las prisiones y los tribunales militares? ¿Has visto los cultivos y los olivos destruidos por los colonos, y las tierras robadas a las familias palestinas para entregarlas a los colonos judíos? ¿Has visto la humillación a la que son sometidas y sometidos por los soldados en los cientos de checkpoints que les impiden desplazarse por su territorio? ¿Los has visto haciendo colas interminables para lograr un permiso de trabajo, o para ir al hospital, o a la escuela, o simplemente para acceder a su tierra? ¿Has viajado por las carreteras de apartheid que conectan las colonias y por las que los palestinos no pueden transitar? ¿Has hablado con las madres y los padres de los prisioneros que llevan más de 20 años en la cárcel, o de los niños que son arrancados de madrugada de sus camas y llevados esposados y de ojos vendados con rumbo desconocido? ¿Has visitado a las familias que viven en cuevas o carpas porque sus viviendas fueron demolidas varias veces por las topadoras israelíes? ¿Has ido a la Franja de Gaza para ver la destrucción monstruosa cometida por Israel en su última masacre, y las condiciones inhumanas en que mantiene a casi 2 millones de personas, hacinadas y sometidas a un feroz bloqueo por aire, mar y tierra desde hace 8 años, que ha hecho inhabitable ese territorio?

¿Vos hubieras ido a cantar en la Sudáfrica del apartheid? Actuar en Israel hoy es tan grave como haber actuado en la Sudáfrica del apartheid ayer (la cual, por cierto, fue apoyada hasta el último minuto por Israel, al igual que las dictaduras latinoamericanas, a las que Israel asesoró, armó y entrenó).

¿Estás dispuesto a ignorar el llamado de la sociedad civil palestina?

Piero, si es cierto que “todos siempre nos buscamos…Amamos…Lloramos…Peleamos… Salvemos…” pues entonces ayudanos a salvar al pueblo palestino, que hoy sufre la ocupación de la forma más cruda y despiadada, cuyos niños han vivido 6 ataques en 10 años y han muerto de a cientos. ¿Recordás tu grito de “para el pueblo liberación?”, ¿Acaso el pueblo palestino no merece ser liberado del opresor?

Esperando una respuesta, y apelando a tu compromiso con la Justicia, se despide,

Comité por el Boicot Cultural por Palestina en Argentina

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Francotirador: las armas del cine contra la verdad

Francotirador, la nueva película de Clint Eastwood, no presenta la “dura realidad” de la guerra de Iraq, sino una nueva versión cinematográfica de las mismas falsedades y representaciones racistas de siempre.

 

Un héroe entregado a la causa de su patria mata a diestra y siniestra, pero su conciencia no lo deja descansar por la violencia que lo obligan a ejercer. Un ocupante de un país, cuya realidad desconoce profundamente, se considera víctima de los ataques inexplicables cometidos por los “salvajes” que lo rodean; unos árabes fanáticos que harían lo que sea para lograr su cometido, incluso asesinar a sangre fría a civiles y soldados inocentes. Todas estas escaramuzas se presentan en una guerra de civilizaciones entre nuestros soldados de la iluminación y las fuerzas oscuras del Islam.

chris-kyleLo anterior recoge la trama de la película Francotirador (American Sniper), dirigida por Clint Eastwood, que cuenta la vida del francotirador más letal en la historia de Estados Unidos, Chris Kyle, y su trayectoria durante la ocupación de Iraq. Aunque las licencias y exageraciones son propias de cualquier obra dramática, el discurso de la lucha contra la maldad árabe sirve para justificar agresiones militares que resultan mucho más espeluznantes que cualquier película de terror. En la medida en que quitamos las capas de mitos que cubren Francotirador, veremos que esas mismas falsedades se siguen utilizando, ahora más que nunca.

Venganza contra el terrorismo religioso

Es cierto, Francotirador nunca dice que Saddam Hussein colaboró con Al Qaeda para atacar las torres gemelas. Pero hace todo lo posible para insinuarlo. Desde la imagen del ataque a las embajadas estadounidenses en el 1998 hasta las repetidas menciones de Al Qaeda en Iraq, se hace entender que la invasión del 2003 fue una reacción a los atentados del 11 de septiembre: un acto justificado de venganza que además lograría liberar el mundo del odio intolerante de los islamistas.

Estadounidenses buenos y árabes malvados

Clint Eastwood bien puede ser una derechista convencido, pero sigue siendo un cineasta de primeras. Nos identificamos con los soldados en Francotirador porque son como todo el mundo: sudan, aman, sienten miedo, se ríen y tienen familias; nos conmueve su sufrimiento desgarrador cuando vuelven a casa a enfrentar la vida civil con sus discapacidades físicas y el estrés postraumático.

Los combatientes árabes, en cambio, merodean por las sombras; como nos comenta Kyle, estos “salvajes” matan por pura “maldad”. Cuando un niño encuentra a un hombre muerto y su lanza-granada, ni llora; su espíritu violento lo lleva a intentar coger el arma para matar a más soldados. Por su parte, los civiles son engañosos y ávaros; como mucho, son víctimas de combatientes árabes desalmados.

Los árabes malintencionados a los que se enfrenta Kyle incluso utilizan su religión para despistar a nuestros héroes, como cuando un hombre los invita a compartir la cena de Eid al-Adha para que no descubran su caleta de armas. O como en otra escena, en la que dos burócratas militares le reclaman al llamado “leyenda”, que la viuda de una de sus víctimas se quejó de que el difunto llevaba un Corán, y Kyle responde que lo que tenía era un AK-47.

Soldados éticos y guerra justa

El protagonista de Francotirador solo mata para proteger a sus compañeros y a su país. Cuando mata a un niño que llevaba una bomba, se siente atormentado e indignado por la “maldad” que lo obligó a asesinar a un ser inocente. A diferencia de los terroristas, que incluso usan taladros contra civiles, Kyle siempre opera dentro de la legalidad: advierte a un hombre iraquí que lo va a entregar al “sistema judicial iraquí” si no colabora.

Francotirador: ¿la  “dura realidad” de la guerra de Iraq?

Miremos la realidad: Saddam Hussein era un déspota laico que nunca colaboró con Al Qaeda; este grupo solo llegó a la Iraq después de la invasión de Estados Unidos. Por otro lado, las representaciones racistas que deshumanizan a los árabes en películas como Francotirador son peligrosas en la misma medida en que son falsas: han fortalecido el apoyo a las intervenciones militares en el medio oriente al mismo tiempo que han fomentado los repetidos ataques contra musulmanes y mezquitas en Europa y Estados Unidos.

En cuanto al francotirador ético, el Chris Kyle de carne y hueso no perdía mucho sueño por quitar cientos de vidas humanas. En su autobiografía, proclama que “solo quisiera que hubiera matado a más. Me encantaba lo que hacía … era divertido.” Además, caracteriza las normas de combate que aplicaba la tropa como “Si ves a alguien entre los 16 y 65 años y es un hombre, dispárale. Mata a cada hombre que ves.”

rumsfeld-bush-cheneyLos responsables de la guerra en Iraq: Donald Rumsfeld, George Bush, Dick Cheney

 

Sus compañeros del ejército invasor tampoco brillaban por su conducta moral. Al igual que Kyle, las autoridades estadounidenses en Iraq sistemáticamente entregaban a los detenidos al “sistema judicial iraquí” para que fueran torturados, a sabiendas de cual sería su suerte. Además, los francotiradores – entre ellos, Chris Kyle – tuvieron un papel clave en el asedio sangriento a la ciudad de Fallujah en el 2004, que dejó al menos 600 muertos. Refiriéndose a este episodio, periodistas informaban que los francotiradores estadounidenses disparaban a recipientes de comida y agua, conductores de ambulancias y personal médico, civiles que se encontraban dentro de sus casas y a “cualquier persona que pasa por la calle”.

Más allá de los crímenes cometidos por soldados individuales, estas atrocidades hicieron parte de una política de guerra diseñada en Washington, desde las torturas en Abu Ghraib hasta el uso indiscriminado del fósforo blanco. Las consecuencias humanas de su intervención en Iraq son enormes: más de 1,2 millones de muertos, más de 3,5 millones de personas desplazadas y una infraestructura destrozada por la invasión y las “reformas” neoliberales posteriores.

Las mismas mentiras vuelven y juegan en Palestina

Las mentiras detrás de Francotirador van mucho más allá de la historia de este país: hacen parte del libreto obligatorio para las intervenciones militares occidentales en el medio oriente; su aplicación es especialmente visible y descarada en la ocupación israelí de Palestina.

Los mismos valores racistas que se reflejan en Francotirador llevaron a un gran escándalo por la muerte de tres adolescentes israelíes en el 2014, mientras que los gobiernos occidentales no hicieron nada para impedir el asesinato israelí de más de 2.000 personas en Gaza, incluyendo 578 niños y niñas. Algunas vidas, parece, valen más que otras. Al mismo tiempo, al interior de Israel el racismo es cada vez más abierto y aceptado. Los palestinos ciudadanos de Israel (los llamados “árabes israelíes”) tienen menos derechos bajo la ley que los ciudadanos judíos; en algunos incidentes recientes, turbas israelíes han desfilado por las calles gritando “esclavos” a los refugiados africanos; y según un estudio del 2007, más de dos tercios de adolescentes israelíes creen que los árabes son “menos inteligentes, sin cultura y violentos”.

1092011Civil en la mira del arma de un francotirador israelí. Foto tomada por soldado israelí.

 

Mientras que las fuerzas estadounidenses en Iraq declaraban su compromiso con los derechos humanos, el ejército israelí hoy en día se proclama “el ejército más moral del mundo”. De forma parecida a la angustia de Kyle al matar al niño en la película, la fundadora del Estado de Israel Golda Meir afirmó que “quizás con el tiempo podremos perdonar a los árabes por matar a nuestros hijos, pero nos será más difícil perdonarles habernos obligado a matar a sus hijos”. Igualmente, durante el ataque a Gaza en el 2014, el primer ministro Netanyahu denunció a Hamas por obligar a los israelíes a matar a civiles.

En realidad, el ejército israelí sistemática y deliberadamente comete la misma clase de atropellos que otrora sus contrapartes en Iraq. Para dar solo un ejemplo, en el ataque israelí a Gaza en el 2014, los misiles disparados desde los drones de la empresa Elbit Systems (primer contratista militar en Colombia) destrozaron casas con familias enteras adentro. Y sobre la tierra, los francotiradores, colegas de Chris Kyle, asesinaron a civiles mientras huían entre los escombros. (ver video)

Los soldados compañeros de Chris Kyle hacían parte de un ejército de ocupación en Iraq, al igual que los soldados israelíes que hoy disparan a civiles en Gaza o controlan su movimiento en los retenes de Cisjordania. Por más acción y efectos especiales que se utilicen en películas como Francotirador, y por más propaganda de hasbara que despliegue Israel, esa realidad no se puede ocultar.

Hollywood Snipers and Real American Killers

American Sniper, the new film by Clint Eastwood, doesn’t present the “hard reality” of the war in Iraq, but just attempts to breathe new life into tired old falsehoods and racist tropes.

 

A hero kills everything in sight to protect his country, but the violence he is forced to commit haunts his conscience. An occupier of a country of which he is deeply ignorant considers himself a victim of the inexplicable attacks committed by the “savages” who surround him. Fanatical Arabs stochris-kylep at nothing to achieve their goals, including the murder of innocent civilians and soldiers. Skirmishes in a war of civilizations between our soldiers of the enlightenment and the dark forces of Islam.

This is the plot of the Clint Eastood’s film American Sniper, which recounts the life of the most lethal sniper in U.S. history, Chris Kyle, and his experiences during the occupation of Iraq. Although any creative work will naturally use a bit of creative license, the rhetoric of the battle against Arab evil serves to justify military aggressions that are far grislier than any horror flic. As we peel away the layers of myth that shroud American Sniper, we can see that the same falsehoods are used now more than ever.

Revenge against religious terrorism

Sure, American Sniper never comes out and says that Saddam Hussein worked with Al Qaeda to destroy the twin towers. But it does everything possible to imply it. From the images of the attack on the U.S. embassies in 1998 to the constant references to Al Qaeda in Iraq, viewers are left with the impression that the 2003 invasion was a response to the attacks of September 11: a justified act of vengeance that would help cleanse the world of Islamic terrorists’ intolerance and hatred.

Good Americans and evil Arabs

Cline Eastwood may be a flaming right-winger, but he’s still a first-class filmmaker. We identify with the soldiers in American Sniper because they’re just like us: they sweat, love, fear, laugh, and have families. We’re moved by their very real suffering when they come home to face civilian life with their physical handicaps and post-traumatic stress.

The faceless Arab combatants, in contrast, skulk in the shadows. As Kyle tells us, these “savages” kill out of pure “evil”. When a child wanders across a dead man and his rocket-launcher, he doesn’t even cry; his violent spirit leads him to attempt to lift the weapon in order to kill more soldiers. The civilians, on the other hand, are scheming and greedy; at most, they’re two-dimensional victims of soulless Arab fighters.

The duplicitous Arabs confronted by Kyle even use their religion to deceive our heroes, like when a man invites the troops to share his family’s Eid al-Adha dinner so they won’t find his weapons stash. Or in another scene, when two military bureaucrats give the “legend” a dressing down because the widow of one of his targets complained that the victim was carrying a Koran; Kyle replies that what he had was an AK-47.

Ethical soldiers and just war

The main character of American Sniper only kills to protect his buddies and his country. When he kills a boy carrying an explosive device, he feels distressed and indignant at the “evil” that forced him to murder an innocent child. Unlike the terrorists, who even wield drills against civilians, Kyle always acts within the law: he warns an Iraqi man that he’ll be turned over to the “Iraqi courts” if he doesn’t cooperate.

American Sniper: the “hard reality” of the war in Iraq?

How about a reality check: Saddam Hussein was a secular despot who never cooperated with Al Qaeda; the group only showed up in Iraq after the U.S. invasion. On the other hand, the racist and dehumanizing depictions of Arabs in films like American Sniper are as dangerous as they’re false: they’ve helped garner support for military interventions in the middle east, as well as fostering repeated attacks on Muslims and mosques in Europe and the United States.

rumsfeld-bush-cheneyThe men behind the war in Iraq: Donald Rumsfeld, George Bush, Dick Cheney

 

In terms of the ethical sniper, the real Chris Kyle didn’t lose much sleep over taking hundreds of human lives. In his autobiography, he declares that “I only wish I had killed more. I loved what I did … It was fun.” He also described the rules of engagement as “If you see anyone from about sixteen to sixty-five and they’re male, shoot ’em. Kill every male you see.”

His buddies in the invading army weren’t exactly paragons of moral conduct, either. Like Kyle, U.S. authorities in Iraq systematically turned over detainees to “the Iraqi courts” to be tortured, knowing full well how they would be treated. What’s more, snipers – Chris Kyle among them – played a key role in the bloody siege of the city of Fallujah in 2004, which left at least 600 dead. Journalists reported that U.S. snipers deployed during the siege shot at containers with food and water, ambulance drivers and medical personnel, civilians hiding inside their homes, and “anyone who goes ahead in the street.”

Beyond the crimes committed by individual soldiers, these atrocities were part of a war policy designed in Washington, from the torture in Abu Ghraib to the indiscriminate use of white phosphorous. The human consequences of their intervention in Iraq are enormous: more than 1.2 million dead, more than 3.5 million displaced persons, and an infrastructure devastated by the invasion and the subsequent neoliberal “reforms”.

The same lies, still at play in Palestine

The lies behind American Sniper go far beyond Iraqui history. They’re part of the obligatory playbook for western military interventions in the middle east, and their use is especially visible and noxious in the Israeli occupation of Palestine.

The same racist values reflected in American Sniper led to an outcry over the deaths of three Israeli teens in 2014, while western governments did nothing to stop the Israeli murder of more than 2,000 Palestinians in Gaza, including 578 children. Some lives, it seems, are worth more than others. At the same time, inside of Israel racism is becoming more and more open and accepted. Palestinian citizens of Israel enjoy fewer legal rights than Jewish citizens; in recent incidents, mobs have paraded through the streets shouting “slaves” at African refugees; and according to a 2007 study, more than two thirds of Israeli teens believe that Arabs are “less intelligent, uncultured and violent.”

1092011Civilian in the crosshairs of an Israeli sniper’s rifle. Photo by Israeli soldier.

 

While U.S. forces in Iraq proclaimed their commitment to human rights, today the Israeli army declares itself to be the “most moral army in the world.” Similarly to Kyle’s anguish at killing the child, the founder of the State of Israel Golda Meir claimed that “we will perhaps in time be able to forgive the Arabs for killing our sons, but it will be harder for us to forgive them for having forced us to kill their sons.” Likewise, during the attack on Gaza in 2014, prime minister Netanyahu condemned Hamas for forcing the Israelis to kill civilians.

In reality, the Israeli army systematically and deliberately commits the same kind of abuses as their earlier counterparts in Iraq. To give just one example, in the Israeli attack on Gaza in 2014, the missiles fired from the drones of the company Elbit Systems (the largest military contractor in Colombia) destroyed homes with entire families inside. And on the ground, snipers, Chris Kyle’s counterparts, murdered civilians while they fled among the rubble (see video).

Chris Kyle and his fellow soldiers were part of an army of occupation, just like the soldiers who today shoot civilians in Gaza or control their movement at West Bank checkpoints. In spite of all the action and special effects in films like American Sniper, and despite the Hasbara propaganda produced by Israel, there’s no way to hide that reality.