Boicot cultural a Israel

Por: Massimo Di Ricco*


Anthony Kiedis, cantante de Red Hot Chili Peppers, visita el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén, Israel. /EFE

Mas de 15.000 personas se enloquecieron en Beirut con la voz de Anthony Kiedis y los sonidos distorsionados de los Red Hot Chili Peppers, tocando por primera vez en un país árabe. Pocos días después, los Red Hot encendieron al publico de Tel Aviv en una imaginaria batalla de los decibeles entre vecinos que están incomunicados por el continuo conflicto.
En esta simbólica lucha árabe-israelí en el escenario montado por los RHCP, los únicos que no participaron directamente y que no consiguieron asistir al concierto en Tel Aviv fueron los palestinos que viven encerrados en Gaza y Cisjordania, y que tienen la diaria y denigrante tarea de pedir un pase a las autoridades israelí para poder cruzar el muro de separación. La posibilidad de obtener un permiso para asistir a un concierto es prácticamente inexistente. Esta es también una de las principales razones por las que el movimiento palestino Boycott, Divestment and Sanctions (BDS) ha emprendido una campaña de boicot contra Israel a nivel político, económico y cultural, en la cual hace constantes llamados a artistas internacionales para que anulen sus actuaciones en Israel.
Gorillaz, Elvis Costello, Carlos Santana, Roger Waters y otros ya se unieron al llamado y aplazaron sus conciertos en Israel hasta el día en que finalmente se acabe la ocupación. En esta ocasión le tocó a la banda californiana recibir la llamada de atención ética. Bajo el sol veraniego de California, la banda respondió con un video promocional del concierto en Tel Aviv, ignorando la petición y declarando un publicitario amor por Israel.
La siguiente petición por parte del movimiento de un boicot-del-no-boicot fue tomada con coraje por la emergente banda indie rock libanesa Mashrou’ Leila, que prefirió anular su participación como telonera de Red Hot Chili Peppers en Beirut, perdiendo una oportunidad única desde el punto de vista comercial, pero reafirmando su compromiso ético y su identidad. Tal gesto saca a la luz el enigma ético y moral del boicot cultural y la condición de los palestinos bajo ocupación militar. ¿Debe el boicot a un Estado incluir las artes y las formas culturales y llevar a un aislamiento de su población? ¿Deben los artistas internacionales involucrarse en concientizar a la opinión publica en consideración de su estatus de celebridades?
El movimiento palestino de boicot critica a los artistas que actúan en Israel afirmando que implícitamente refuerzan la normalización de la ocupación militar de los territorios palestinos. La misma Madonna recibió duras criticas por empezar su actual gira mundial en Tel Aviv, aunque con un concierto bajo el lema de la paz.
Para los críticos poco vale hablar de paz cuando en la realidad los palestinos no pueden acudir a un concierto. El movimiento de boicot y antinormalización contra Israel deja a muchos perplejos por la falta de parámetros claros en su acción y por su intransigente negativa al diálogo con los israelíes, pero en medio de tantas balas y destrucción representa una estrategia basada en la no violencia y que quiere crear conciencia sobre la situación en Palestina.
En la caída del régimen del apartheid en Sudáfrica los artistas internacionales jugaron un rol fundamental al movilizar a la opinión publica y mandar un mensaje de aislamiento moral a los afrikáneres. En el caso israelí, el boicot cultural, por el momento, da visibilidad a un conflicto irresuelto y a las condiciones de vida de cuatro millones de palestinos atrapados entre Gaza y Cisjordania. Una situación que empeora cada día con la construcción de nuevas colonias en Cisjordania, no obstante la unánime condena por parte de las instituciones internacionales.
El boicot cultural es todo un enigma que juega con la moral y la ética, pero que sobre todo empuja hacia una decisión individual de libre albedrío. El boicot es un mensaje ético a la sociedad internacional, pero también a los israelíes para que rompan el tabú de la autocrítica a las políticas de Estado. En la ausencia de una conciencia moral por parte de la sociedad israelí y a falta de parámetros de boicot claros por parte del movimiento palestino, cabe preguntarse si los teloneros de Madonna en Medellín deberían boicotear su concierto por haber cantado en Israel. Cada uno elija con su libre albedrío y según su propia moral.

* Profesor U. del Rosario.

Originalmente publicado en:

http://www.elespectador.com/impreso/internacional/articulo-374212-boicot-cultural-israel

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